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*Ment-ira*

"La realidad misma es la que puede asumir la función de la afirmación de sus derechos irrenunciables"

¿Por qué no podemos escapar de la mentira? 
Es tan vieja como el mundo, pero nunca estuvo tan desarrollada, organizada y difundida como en la sociedad actual. Una sociedad que permanece inerme ante un fenómeno que pervierte las relaciones humanas hasta límites insospechados y distorsiona la visión de lo real.

Pensamientos y sentimientos ligados a este mal que nunca nos deja indiferentes, que nos cabrea, nos desanima, nos angustia y que destruye la confianza cuando se da entre las personas que más queremos y que, muchas veces, dicen hablar en honor a la verdad.

Soy de esas personas a las que se les llena la boca maldiciendo la mentira y a los mentirosos, pero debo reconocer que, si bien no me duele tanto el formato de la mentira en si, muchas veces me ahogo en la desazón de las causas que conducen a ella. Tal vez la principal razón no sea otra que en algún momento también yo lo he hecho conmigo misma. 

Hay mentiras que se tornan caricias y versos en el primer pensamiento al despertar y en el último suspiro al descansar.
Hay otras que se convierten en sollozos y lamentos y nos sacuden el alma o nos invitan a la calma.
Hay mentiras envueltas de humo con sabor a café y mentiras que ni siquiera saben a mentiras.
Hay mentiras disfrazadas de sueños y sueños que dejaron de ser mentiras.

Defender la verdad, a veces, cuesta más que inventar una mentira. Y es así como sin querer, como sin dudar, nos engañamos a nosotros mismos intentando no sufrir. Pero ocultar una emoción es tan difícil como inventarse una nueva para tapar otra que no se quiere mostrar. La deliberación produce sufrimiento y este hecho nos convierte en seres vulnerables y tristes.

También las creamos, sentimos y decimos según la época de nuestras vidas.
Bien sea por no poder perdonarnos los errores cometidos, por no saber superar los obstáculos haciéndonos falsos triunfadores; Tal vez por no sentirnos capaces de superar la verdad que nos adversa; O por ese primer encuentro con el mundo real que tanta frustración nos crea.

Y de más ancianos a más jóvenes llegamos a las mentiras que inventan los niños en la misma medida en que sus fantasías se mezclan con la realidad... y para mi sorpresa y admiración me hago eco de las mentirijillas de una niñita a la que adoro, mi sobrina que tiene siete años de edad y que es capaz de distorsionar cualquier acontecimiento en el que, con gran entusiasmo, se compromete a la más dura de las hazañas cruzando los dedos a su espalda (como todos hemos hecho alguna vez), con el único y maravilloso propósito de llamar tu atención en su gesto de "maldad" y provocar un contacto físico, que bien pueden ser cosquillas, y que con toda seguridad acabará en un gran abrazo.

La mente humana es maravillosa, que no nos separen las mentiras, y que cruzar los dedos sólo sea el gesto que te indique que necesito tu abrazo de VERDAD.

09 febrero 2016

*Ment-ira*

"La realidad misma es la que puede asumir la función de la afirmación de sus derechos irrenunciables"

¿Por qué no podemos escapar de la mentira? 
Es tan vieja como el mundo, pero nunca estuvo tan desarrollada, organizada y difundida como en la sociedad actual. Una sociedad que permanece inerme ante un fenómeno que pervierte las relaciones humanas hasta límites insospechados y distorsiona la visión de lo real.

Pensamientos y sentimientos ligados a este mal que nunca nos deja indiferentes, que nos cabrea, nos desanima, nos angustia y que destruye la confianza cuando se da entre las personas que más queremos y que, muchas veces, dicen hablar en honor a la verdad.

Soy de esas personas a las que se les llena la boca maldiciendo la mentira y a los mentirosos, pero debo reconocer que, si bien no me duele tanto el formato de la mentira en si, muchas veces me ahogo en la desazón de las causas que conducen a ella. Tal vez la principal razón no sea otra que en algún momento también yo lo he hecho conmigo misma. 

Hay mentiras que se tornan caricias y versos en el primer pensamiento al despertar y en el último suspiro al descansar.
Hay otras que se convierten en sollozos y lamentos y nos sacuden el alma o nos invitan a la calma.
Hay mentiras envueltas de humo con sabor a café y mentiras que ni siquiera saben a mentiras.
Hay mentiras disfrazadas de sueños y sueños que dejaron de ser mentiras.

Defender la verdad, a veces, cuesta más que inventar una mentira. Y es así como sin querer, como sin dudar, nos engañamos a nosotros mismos intentando no sufrir. Pero ocultar una emoción es tan difícil como inventarse una nueva para tapar otra que no se quiere mostrar. La deliberación produce sufrimiento y este hecho nos convierte en seres vulnerables y tristes.

También las creamos, sentimos y decimos según la época de nuestras vidas.
Bien sea por no poder perdonarnos los errores cometidos, por no saber superar los obstáculos haciéndonos falsos triunfadores; Tal vez por no sentirnos capaces de superar la verdad que nos adversa; O por ese primer encuentro con el mundo real que tanta frustración nos crea.

Y de más ancianos a más jóvenes llegamos a las mentiras que inventan los niños en la misma medida en que sus fantasías se mezclan con la realidad... y para mi sorpresa y admiración me hago eco de las mentirijillas de una niñita a la que adoro, mi sobrina que tiene siete años de edad y que es capaz de distorsionar cualquier acontecimiento en el que, con gran entusiasmo, se compromete a la más dura de las hazañas cruzando los dedos a su espalda (como todos hemos hecho alguna vez), con el único y maravilloso propósito de llamar tu atención en su gesto de "maldad" y provocar un contacto físico, que bien pueden ser cosquillas, y que con toda seguridad acabará en un gran abrazo.

La mente humana es maravillosa, que no nos separen las mentiras, y que cruzar los dedos sólo sea el gesto que te indique que necesito tu abrazo de VERDAD.